Con lo que hay se hace

Con lo que hay se hace

Hace mucho tiempo tengo una idea grabada a fuego en la cabeza:

"Con lo que hay, se hace."

No recuerdo dónde la escuché por primera vez, pero nunca más se fue.

A veces vivimos corriendo. Entre trabajo, familia, entregas, reuniones y pendientes, llega el momento de preguntarnos:

¿Y hoy qué comemos?

Esta mañana no fue la excepción.

Me levanté y pensé exactamente eso.

¿Y hoy qué comemos?

Entonces volvió la frase.

Con lo que hay, se hace.

Empecé a mirar los ingredientes que tenía en casa y fue una sorpresa hermosa darme cuenta de lo rico que podíamos comer con cosas simples.

Encontré proteína de soja no transgénica de @granelcomprasconcientes.

Boniato, papa, zanahoria, cebolla, morrón y ajo orgánicos de pequeños productores de @organitierraencamino.

Especias de todo tipo: orégano, pimentón, pimienta, nuez moscada, sal y salsa de soja.

Aceite de coco orgánico de @terraverde.

Y en la heladera encontré una macarela y un no queso azul de @alimentosmacanudo que estaban esperando la oportunidad perfecta para lucirse.

Antes de empezar, separé los restos de las verduras.

Una parte se fue al compost.

Y otra quedó reservada para Claudia, la comadreja que nos visita por casa y que nunca se pierde una buena comida.

Entonces me pregunté:

¿Qué puedo crear con todo esto?

Y ahí empezó la magia.

En cuestión de minutos ya tenía la idea en la cabeza: un pastel sin carne, lleno de sabor, color y nutrientes.

Porque cocinar no siempre es seguir recetas.

A veces cocinar es observar, imaginar y crear.

Es confiar en que, cuando elegimos buenos ingredientes, las posibilidades aparecen solas.

Así que me puse manos a la obra.

### Pastel de soja, vegetales y no quesos

Hidraté una taza de proteína de soja texturizada y la reservé.

Mientras tanto cociné papas, boniatos y zanahorias hasta que estuvieron tiernos y preparé un puré simple con aceite de coco, sal, pimienta y una pizca de nuez moscada.

En una sartén rehogué cebolla, ajo y morrón.

Cuando estuvieron tiernos agregué la proteína de soja, salsa de soja, orégano, pimentón y pimienta.

Cociné todo unos minutos hasta que los aromas empezaron a llenar la cocina.

Después armé el pastel.

Primero una capa de puré de papa, boniato y zanahoria.

Encima coloqué el relleno de proteína de soja y vegetales.

Luego agregué otra capa de puré para cubrir todo.

Y para terminar, una abundante capa de macarela junto con un poco de no queso azul que tenía reservado en la heladera.

Lo llevé al horno hasta que quedó dorado, cremoso y tentador.

El aroma que empezó a salir de la cocina ya me decía que había tomado una buena decisión.

Y cuando finalmente llegó a la mesa, confirmó algo que muchas veces olvidamos:

No hacen falta ingredientes extravagantes para comer rico.

No hacen falta recetas complicadas.

No hace falta tener de todo.

Cuando terminamos de almorzar me puse a lavar los platos.

Y ahí volvió la misma frase con la que había empezado el día.

Con lo que hay, se hace.

Porque la abundancia no siempre es tener más.

A veces es mirar alrededor, valorar lo que tenemos y descubrir todo lo que podemos crear con ello.

Hoy fue un pastel.

Mañana quién sabe.

Pero la enseñanza queda:

Las cosas simples, hechas con amor, suelen ser las más ricas. 🌱💛

Regresar al blog

Deja un comentario

Ten en cuenta que los comentarios deben aprobarse antes de que se publiquen.